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ENTRE LINEAS

Sueños

La cometa

La cometa Existe una manera de que los sueños se cumplan. Es muy sencillo. Consiste en escribirlos sobre una cuartilla fabricada con el material de la esperanza y  utilizando los márgenes de la  imaginación. Cogeremos con los dedos la pluma de la inteligencia, llenándola  de tinta de ilusión y procurando darle a los trazos de la escritura color y firmeza. Una vez se hayan escrito de esa manera los sueños, se debe doblar la cuartilla y agujerearla justo en el medio. Nos haremos con una cometa y la pondremos a volar. Cuando esté suspendida en el cielo, introduciremos la cuartilla en el hilo que sujeta la cometa y dejaremos que el viento la empuje hacia arriba tal y como se mueven las aspas de un molino de viento. Si llega hasta la corona, los sueños se cumplirán porque, a pesar de que dependen de un hilo, ni la fuerza del viento habrá podido con ellos...

Magia es...

Magia es...

Magia es convertir un 21 de octubre en  25.
Magia es desear que un viernes sea martes.
Magia es amar todos los días como si fuesen 21 de octubre.
Magia es sacar de la chistera de la boca un beso apasionado.
Magia es cambiar una lágrima por una sonrisa.
Magia es obtener una caricia del puño cerrado de la desesperanza.
Magia es elegir un sueño posible ante una realidad imposible.
Magia es hacer desaparecer el mío para que surja el nosotros.

Magia es dejarte atravesar por la sinceridad de unas palabras sin que las palabras te dañen.
Magia es cruzar el fuego de la mentira sin que las llamas te alcancen.
Magia es percibir con tus sentidos lo que tus manos tocan.
Magia es deshacer los nudos que atenazan el alma liberándola de absurdos compromisos.
Magia es salir de una caja sellada con los clavos de la duda.
Magia es mirar con el corazón lo que tus ojos no ven.
Magia es imaginar que vuelas con la única ayuda de tus sentimientos.
Magia es ilusionarte e ilusionar por el simple hecho de ser y estar.
Magia es haber conocido unos seres tangiblemente intangibles que ofrecen su luz para disipar sombras.
Magia es querer con todas tus fuerzas que exista la Magia.
Magia es, en definitiva, vivir.

Pudor

Pudor Podrás ver la desnudez de mi cuerpo, oír el susurro de mis palabras, advertir mi mirada encendida cuando te acaricio.


Podrás, en definitiva, hacer el amor conmigo.


Pero no me verás dormido entre tus brazos. No te amo y se que tú a mi tampoco, por eso no quiero que te lleves mis sueños. Porque no te pertenecen.


Y si, en un momento de debilidad, consiguieses apoderarte de uno de ellos, entristeceré y hasta es posible que me veas llorar. Porque no te amo y se que tú a mi tampoco y no me importa acabar con la sequía de tu vanidad.

Satisfaciendo curiosidades




Lo prometido, dicen, es deuda. Y a mi sólo me gusta estar en deuda con Hacienda, así que ahí tienes, querida Mariose o Marihose (que sospecho te intercalas la "hache" cuándo vas guerrera ;-)) cómo continúa el camino. Ya ves como a cada paso se vuelve más frondoso y profundo. Son esos parajes, espesos y hondos, los que nos reservan las mayores sorpresas porque, cuándo llegas a lo que parece el final, se abre ante tí toda la hermosura que ves en la otra foto. Un pequeño lago donde desemboca un riachuelo y, al fondo, montañas y muchos más caminos tal vez como este...


¿Qué quieres ser de mayor?

¿Qué quieres ser de mayor? El otro día le pregunté a mi hija pequeña, once años, qué quería ser de mayor. Y, casi inmediatamente, me contestó. “De mayor quiero seguir siendo niña”. “¿Niña?”, pregunté con una sonrisa. “Pero si todos los niños y niñas queréis ser siempre mayores”. “Pues yo, papá, no tengo ningún tipo de duda. Quiero seguir siendo niña”. Aquí os dejo algunas de sus razones que, a su manera, me explicó.


Quiero ser niña para poder ir a la escuela y tener tres meses de vacaciones. También quisiera que, en esos tres meses de vacaciones, dos meses estuviese en un campamento de colonias. Me es igual que en ese campamento tenga algunas horas para aprender idiomas. En realidad me parece bien aprender algo que me sirva para comunicarme y entenderme con niños y niñas con una lengua diferente a la mía. Y es que los mayores os hacéis líos con eso de las lenguas y os causan muchos disgustos. Así, aprendiendo todos los idiomas que pueda, tendré menos enemigos y muchos más amigos y amigas. También en esos tres meses me gustaría pasar uno entero con mis padres. En realidad lo que quisiera es pasarme más tiempo con ellos pero, claro, como trabajan sólo disponen de un mes para sus vacaciones. Y además muchas veces están cansados y me dicen que necesitan vacaciones para descansar y se pasan todo el día tomando el sol, leyendo o montando en bicicleta. Bueno, eso de montar en bicicleta me gusta más y me voy con ellos siempre que lo hacen.


Otro de los motivos por lo que me gustaría seguir siendo niña es porque, los pequeños tenemos facilidad para hacer amigos y amigas. De la misma manera, también nos enfadamos fácilmente. Pero se nos pasa rápido y volvemos a ser compañeros enseguida. Los mayores, cuando se enfadan, difícilmente vuelven a ser amigos. Vais a los juzgados –y eso lo sabes tú papá- a que sea un Juez o Jueza quién decida quién tiene la razón en vuestras peleas. Y, a veces para imponer la qué creéis vuestra razón, montáis guerras dónde mueren niños y niñas que podrían ser mis amigos.


Aspiro a seguir siendo niña porque me gusta creer en los cuentos que tú me explicas. Se que los que me cuentas pueden hacerse realidad, en cambio los que os explicáis los mayores, casi nunca son verdad.


Además, quiero ser siempre niña porque así, cuando abrace, le dé un beso o acaricie a algún amigo o amiga, o a mis padres, nadie pensará que esa muestra de afecto tenga sentido oculto alguno. Viniendo de una niña esos gestos son mirados con comprensión. En los mayores esas cosas, si se hacen, son vistos pensando que algún favor buscáis de la persona a quién le prodigáis vuestro cariño.


Y deseo seguir siendo niña para seguir soñando. Los mayores –y tú papá me lo has dicho muchas veces- tenéis problemas para dormir por vuestras preocupaciones. Eso os impide soñar y saber que aún es posible tener solución para ellos. Todo consiste en creer. En creer en uno mismo y en los demás.

Viento...




Doy vueltas en mi cama y oigo silbar al viento…


Lo hace con fuerza levantando aquello que encuentra en su camino, formando un remolino de papeles, hojas y alguna rama seca que se ha resquebrajado por el poder de su corriente.


El silencio de la noche hace que cualquier sonido se magnifique. El silencio ha convertido al viento en un ciclón. Su aullido es cada vez más intenso.


Inquieto me incorporo y voy hacia la ventana. Quiero ver su poder.


Un árbol que hasta hace pocas horas se alzaba orgulloso en un jardín próximo, es doblegado ahora convirtiéndose en un simple arbusto que lucha por seguir afianzado a la tierra.


Escucho un golpe seco y un ruido de vidrios rotos. Un cartel se ha desprendido de sus fijaciones y arremete contra el suelo rompiéndose en mil pedazos…


Es tan fuerte el viento que estoy seguro podría arrastrarme. Pienso de qué me serviría separarme de la tierra si, el viento, esa fuerza huracanada, con todo su poder, no será capaz de arrancarte de mi pensamiento…

Ilusiones

Ilusiones Parece como si la tierra y el mar estuviesen juntos. Tienes la sensación que tras la línea que los separa entrarás en el oleaje. No es así. A medida que nos acerquemos al límite veremos como aparece ante nosotros una atalaya, donde puedes detenerte a contemplar el magnífico paisaje que se ofrece y, tras el mirador, un pequeño acantilado lleno de rocas que sirve de batiente a las olas y de camino para acceder al mar. Hemos tenido una ilusión. Creíamos que podríamos alcanzar fácilmente el mar y no es así. La ruta es algo más complicada y si queremos llegar hasta ese punto del horizonte, hasta ese barco que divisamos, el esfuerzo será mayor del que suponíamos.


Es fácil ilusionarnos en nuestras relaciones por “La Red”. ¿Cuántos y cuántas hemos sucumbido a su influjo “cuasi” mágico?. No tengo estadísticas pero intuyo que son pocos los que quedan fuera. Tantos y tantas como quién nunca se ha conectado. “La Red” atrapa. “La Red” engancha. “La Red” es una enorme fábrica de ilusiones que nosotros podemos utilizar a nuestro antojo. Cada vez que alguien nos atrae y somos correspondidos, nace una nueva ilusión. Está ahí y parece muy sencillo cogerla. Pero no lo es. A medida que nos acercamos aparece la atalaya y, tras ésta, el acantilado rocoso en el que golpean las olas con mayor o menor intensidad. Podemos, no obstante, saltar la plataforma y descender el pequeño barranco hasta alcanzar el mar e ir tras el barco, tras la ilusión... o podemos quedarnos sentados, contemplando como pasa el navío, contemplando como pasa el sueño. Arriesgándonos a que ese inmenso mar acabe por engullir todas nuestras esperanzas.